20 mayo 2015

César Strawberry

El arresto por enaltecimiento del terrorismo de César Strawberry, de la banda Def Con Dos, es otra muestra de la necedad extrema en que estamos instalados. No es casual, pienso: ya son demasiadas muestras de ataque contra el pensamiento díscolo desde los cenáculos de la cultura (y por cafre y antisistema que sean Def Con Dos, los autores de "Armas pal pueblo" también son cultura, guste o no su música). ¿Pero hace falta explicarlo? Si es obvio. Una cosa es que ciudadanos anónimos hagan enaltecimiento serio del terrorismo, un delito, y otra confundir eso con una expresión (burra, bestia) irónica emitida públicamente por un artista que desde hace décadas se mueve en esos parámetros.
Pero bueno, insisto en lo que he comentado muchas veces: cuando nos gobierna un partido interesado en amordazar la cultura y convertirla en una prioridad de serie Z (algo que aprecien unos pocos, los raros, algo superfluo, "en tiempos de crisis, cuando hay hambre leer a Cervantes está de más", etc. etc.), cuando se deprecia la cultura solo para evitar el componente crítico entre la masa votante, estas cosas suceden.
Por cierto, tres son los twitts del rapero que han movido a su detención. Yo personalmente me he reído con la burrada de Ortega Lara. Porque es un chiste, evidentemente.


19 mayo 2015

¡Mad Max!

Yo no he visto ni una película de Mad Max porque... no sé, porque los dedos censores y mediáticos de la cultura más adocenada nos decían entonces, cuando la primera, la segunda y la tercera, que una gañanada de acción y violencia "no es cultura".
Pero E.S. Porter ya rodaba en 1905 asaltos a trenes que eran todo acción y cero sutilezas. Pim Pam Pum, e hizo nacer el cine mientras que el "film d'art" se obstinaba en matarlo ahogando sus posibilidades expresivas, su lenguaje dinámico y NUEVO (eso sí, sobre obras de Shakespeare).
Así que debo reconocer que la marea de críticas a "Mad Max, furia en la carretera" primero me sorprendió y a los dos segundos, lo que me cuesta desembarazarme de prejuicios adquiridos en mi pre adolescencia, empezó a apetecerme mucho. No he visto ningún Mad Max, repito. Sin enjuiciar esas películas, ojo, peo sin haberles dedicado la menor atención, sin más, tenidas por un subgénero que simplemente no me interesaba y punto. La nueva aún no he ido a verla y no sé cuándo la veré, pero seguro, seguro que lo hago. Cómo no cuando todo lo que leo de la peli dice cosas como:
Salí del cine de ver 'Mad Max: Furia en la carretera' rodeado de gestos atónitos, pupilas dilatadas, mandíbulas desencajadas y euforia mal disimulada.(Xataka)
un 'western-punk' de un rigor y amor por el detalle incontestables que devuelve al cine de acción la fiebre de lo real. (Luis Martínez, El Mundo)
Un espectáculo de una pureza difícilmente igualable (Sergi Sánchez, La Razón)
cuando acaba te hierve la sangre, dejándote la sensación de que has visto GRAN CINE, en una modélica reformulación del cine del pasado (Pillipp Engel, Fotogramas)
 'Mad Max: Furia en la carretera' es poesía en movimiento, pero, también, un gesto reivindicativo y feroz que reclama una identidad desafiante (y, sí, también poética y visionaria) para el blockbuster de acción (Jordi Costa, Fotogramas)
serie B venida a más y orgullosa de ello, repleta de locura, de macarradas, de excesos pesadillescos y de detalles. (Yago García, Cinemanía)
 A Carlos Boyero no le ha gustado.


18 mayo 2015

Asunder, Sweet and Other Distress, de GODSPEED YOU! BLACK EMPEROR

No me gusta la música política, en términos generales. Me aburren los discursos y los cantantes-profesor.
sin embargo si creo que existe una banda políticamente comprometida hoy, esa es el combo canadiense GY!BE (Godspeed you etc. etc.). Paradoja: se trata de música instrumental, salvo puntualísimos samplers vocales (a veces han empleado tele predicadores, manifestaciones callejeras o discursos).
Sois ovejas.

Aunque todos sabemos más o menos que se proclaman anarquistas, y sus títulos y mensajes de sus carátulas pueden ser significativos de su mensaje de resistencia, rebeldía e inconformismo, el elemento político en realidad surge en primer grado de su lenguaje sonoro, y eso es lo que me fascina. Godspeed practican una música encuadrada en el post-rock, ese no estilo que nos regaló maravillas en los noventa, también alguna brasa fina. Su música es por tanto anti rock, excede los presupuestos de la canción, conformando suites y conciertos eléctricos donde percusiones, guitarras, electrónica y cuerdas forman un todo que abreva de las bandas sonoras, de la música judía, del rock más noise y sobe todo, del ánimo de hacernos pensar.
Elaborando paisajes sonoros yermos, en los que poco a poco van creciendo torres de sonido que se alzan como antenas al cielo (citando uno de sus títulos) y provocando en el oyente una sensación que bascula entre el cabreo y la exaltación. Y solo desde la exaltación podremos cambiar el mundo, ¿no?
Por eso su nuevo disco me vuelve a dejar exhausto y eufórico: porque es la mejor banda sonora para una época de crisis de sistema y valores como esta. Mucho más pertinente hoy, sí, que en 1994, año de su debut, pues hoy el mundo es peor y el capitalismo huele a mierda más que nunca (e incluso a cadáver).
"En pedazos, dulce y otras angustias" es el título, y aunque señale que son cuatro temas no te engañes, pues se trata de una única odisea de cuarenta minutos que no da concesiones, otra vez. Comienza con un feroz "Peasantry or 'Light! Inside of Light!'"  que recupera sus últimos coqueteos con el metal en clave de doom grandilocuente, y luego, en lo que bautizaron como "Lambs' Breath" y "Asunder, Sweet", te suspenden en más de diecisesis minutos de abstracción, ambient, drones y crescendos de ruido acongojante hasta desembocar en "Piss Crowns Are Trebled".
Si no conoces a la banda y después de leer todo esto sientes curiosidad, entra directamente en "Piss". Porque es definitoria de su sonido clásico, y además, en menos de catorce minutos destilan todo lo que pueden dar de sí en la que es, ya, una de sus mejores piezas. Si tras oírla no sientes la imperiosa necesidad de cambiar este mundo podrido, hay horchata en esas arterias (o eres pro sistema, que todo puede ser, pero no me negarás la capacidad de la banda para exaltar ánimos).

15 mayo 2015

Ha fallecido BB King

Una d elas figuras más grandes de la música de los últimos 100 años y punto.
Curioso (o no, la prensa cada vez más tópica) que los telediarios se obstinen en recordarlo viejo, tocando sentado, o acompañando a Raimundo Amador o a U2 como si Bono diese prestigio al dios del blues eléctrico y no al revés.
No, el BB King que fue rey era mucho más grande que sus últimos años o sus bolos con criaturas musicales inferiores.
Repesco el Live at Sing Sing Prison, de 1972

09 mayo 2015

CARRIE & LOWELL, de Sufjan Stevens

Nuevo disco de Sufjan Stevens, el ángel del neo folk. Y tras su anterior ópera electro, un The Age of Adz que pese a su desmesura me sigue pareciendo un trabajo sobresaliente, el cantautor norteamericano se desnuda emocional y sonoramente para brindar una carta de amor a su madre, fallecida hace unos años, y a su padrastro.
Carrie & Lowell es una miniatura poliédrica, una joya deslumbrante pero pequeñita. Casi humilde. Es un trabajo de dolor, perdón, amor y sanación sostenido en primerísima persona del singular (algo extraño en Stevens, más dado a la gran metáfora a través de discos-concepto girando sobre temas diversos, no su ego). Es un disco de belleza extrema, de sonoridades mínimas y exquisitas, donde cada arreglo, cada voz doblada, cada intrusión tímida de electrónica sobre un esqueleto de voz y acompañamiento, engrandecen al disco.
Para comprender la enorme trascendencia personal de este Lp de purificación cuya portada es un retrato de la madre y el padrastro del cantante hay que conocer un poco las vicisitudes de esa relación paterno filial, donde la madre hoy llorada abandonó a su hijo en numerosas ocasiones, víctima de la esquizofrenia y la adicción a drogas, y donde el padrastro tiene también un papel principal (de hecho hoy es el gestor del sello discográfico de Stevens, Asthmathic Kitty). Planetando preguntas e incluso reproches, y derramando comprensión y amor, Sufjan Stevens ha conseguido entregar otro trabajo capital en una carrera que parecía haber llegado hace tiempo a esas cumbres (Illinois lo es). Pero Carrie & Lowell vuelve a serlo. El pico del Everest emocional de su carrera. Una obra, además, en la que todas las canciones son prodigiosas, a la altura de ese escalofrío que provocaba "John Wayne Gacy, Jr" (creo que es la mejor canción de la década pasada) pero conducido aquí a un disco-concepto. Destacar una es insultar a las demás: todas las canciones de este disco son capaces de emocionar a oyente.
Si hay un cielo (y Stevens, cristiano convencido, debe creerlo así) Carry ya puede llorar lágrimas de plata: su hijo le ha brindado un beso de despedida que no puede ser más hermoso. Y a la humanidad que aún sobrevive sobre el planeta, nos entrega uno de los discos más emocionantes y exquisitos de lo que llevamos de año.
¿Debo apartar mis ojos ahora?
Todo lo que veo, de alguna manera vuelve a ti 
¿Debería romper mi corazón ahora?
Todo lo que siento, de alguna manera vuelve a ti.
Quiero salvarte de tu dolor.

"The only thing" 


05 mayo 2015

The National o el rock como catarsis colectiva.

El jueves pasado la más de tres mil almas que asistimos al concierto en directo de The National en el Lapso Music Festival compostelano, fuimos testigos privilegiados de algo único.

Es verdad que el sonido-globo de un recinto "born to be feira de vacas" fue un handicap que hacía necesario lanzarse a la zona de primera línea para escuchar como dios manda el evento, pero hay que hablar del concierto mucho más allá de los peros de ubicación (por otro lado fue inevitable reubicar un live que se había pensado para La Quintana, al aire libre, porque calló la del diluvio universal).
The National sobre un escenario no solo tocan música o reproducen su repertorio con más o menos eficacia.  Matt Berninger, los hermanos Dessner y los hermanos Devendorf buscan una línea casi narrativa y un crescendo orgánico para lograr una catarsis que termine por poseer a banda y público. Catarsis como rito sanador, como una "purificación, liberación o transformación interior suscitados por una experiencia vital profunda", como nos dice el dicciopinta de la RAE.
Berninger y compañía suben al escenario con pose elegante, el frontman luce traje, chaleco, corbata. Es sexy sin ir de sexy, entra a escena con copazo de vaso ancho, está calzadillo y durante las dos horas de show no dejará de zumbarle pero bien. Entra fino y acaba como las Grecas. Su actitud es tensísima, canta reconcentrado y cuando no canta deambula por el escenario con movimientos nerviosos, golpea el micro, patea un monitor... víctima de un desasosiego que no parece fingido aunque en cada actuación se repita el ritual. Es el espíritu chamánico que una vez tuvo la música y que hoy pocas veces alcanza. La tensión crece, la banda es pasmosa, versátil y rica. Suenan guitarras mutantes, tratadas, ruidosas, rasgadas o a lo fingerpicking, golpeadas, frotadas con un arco, alzadas como banderas al cielo. Suenan trompetas, pianos, electricidad, acústica y una base rítmica poderosa. Y capitaneando, el borracho con voz de barítiono, ese gemido hondo de terciopelo que en directo evoluciona a alarido primordial, cercano al Lennon de la terapia primal. Un método evidentemente catártico, sí.
El concierto resulta un viaje que va del crooner glamouroso al artista destroyer y cargado de "angst", que terminó en la purificación del propio Berninger cantando los bises diluido, desmaterializado, perdido entre el público. La cosa va, interpreto, más allá del baño de masas del divo-rock: consigue esa "limpieza ritual" que The National transmiten sobre las tablas. Una experiencia, en fin, que trasciende el gélido mundo de la percepción técnica de un concierto para convertir la música en medicina. Desafinar o no, en el contexto de lo ritual, es accesorio. The National buscan una comunión, y efectivamente su concierto fue... la Hostia.
Puedes comprobarlo en este enlace (del concierto entero en Sydney, que es maravilloso, recomiendo, pero enlazo a partir del tramo final: quince minutos para fliparlo MUCHO): pincha aquí

03 mayo 2015

INTERESTELLAR, de Christopher Nolan


Christopher Nolan es un director a medio camino del megalómano y el visionario, lo que siempre conlleva cosas buenas y cosas malas. Su cine, no hay duda, es de los pocos en el Big Hollywood que, sin dejar de ofrecer una suerte de blockbusters para adultos, lo hace exponiendo ideas tanto formales como de discurso. Pero la elefantiasis del ego del Gran Autor a veces (muchas veces) provoca que su cine sea demasiado artificioso, falsamente grandioso y por tanto alejado de lo principal: la empatía con el espectador. Se esfuerza en asombrar y se ve antes ese esfuerzo que lo asombroso.
Interestellar no va a alejarme de esta forma de ver a Nolan. Se trata de una película con momentos brillantísimos, imágenes de impacto, y una idea "motor" tan buena como poco original: el mundo muere, hay que irse, mandemos una Santa María espacial a buscar El Nuevo Mundo cósmico donde poder perpetuarnos. Pero no es redonda, no es el nuevo 2001 por mucho que ese empeño exude por cada uno de los poros de sus fotogramas.
Un acabado visual tremebundo aunque en ocasiones demasiado deudor de la citada 2001, una odisea del espacio (lo cual en realidad no es malo per se, sino otra declaración de intenciones grandiosa: "soy el nuevo Kubrik") y una historia entre lo infinito y la célula familar capaz de imbricar sentimientos a ras de tierra con el asombro ante lo ilimitado, son los dos aspectos más destacables. Una desmedida en el minutaje, donde cabe señalar incluso un capítulo entero innecesario (el personaje díscolo, disruptor, me sobra), es lo más criticable. Porque el gran espectáculo sin ritmo se desploma, y eso sucede en demasiadas ocasiones. Un final original y emotivo recupera al espectador, quizá demasiado tarde. Y algunas ideas como el mundo de agua quedarán, eso sí, para engrosar el catálogo de grandes momentos de la historia del género: las masas humanas de Metrópolis, la estatua de la libertad semi hundida en El planeta de los simios, el acople de las naves en 2001, la urbe neobarroca de Blade Runner vista desde el cielo... y sí, ese mundo con un palmo de agua por el que circulan libremente inmensas olas como muros ciclópeos.

24 abril 2015

The Zombies - Odessey and Oracle (1968)


Una escucha muy agradable de una de esas bandas en la estela de The Beatles, si no la mejor. Hay mucho aquí de Beach Boys también, y ojo, siendo un "testamento musical" (la banda había decidido separarse y quiso hacerlo con un disco final), también de libertad compositiva y de ganas de dejar una cumbre.
No es una cima pop, desde luego, no podría poner este disco al lado de Pet Sounds, pero sí se trata de un trabajo fabuloso de pop imaginativo y, por supuesto, psicodélico en muchos detalles.

Por supuesto que hay CANCIONACA: Time of the season, una preciosidad.


Generador de números aleatorios y... ala, el próximo, un Brian Eno.

22 abril 2015

Guns N' Roses - Appetite for destruction (1987)

Me parece que si alguien tiene a este disco como una pieza de rock abrasivo y salvaje debe ser porque no ha pasado de AC/DC, los Rolling y alguna banda de heavy mainstream. Porque en 1987 el grindcore campaba por sus anchas, Hüsker Dü cancelaban una carrera de hardcore asfixiante y Dinosaur Jr regurgitaban su disco más cafre. Mientras, aquí tenemos solos de guitar-hero a cascoporro, voz de mosquito (lo más heavy del lote Guns, banda más hard que metal) y melodías para las masas. En su haber, esas melodías no son malas. También pesa la juventud, las ganas y cierta energía del que se quiere comer el mundo sin atender a ninguna de sus leyes. Vamos, si me preguntas, este debut (que nunca había escuchado entero, no me interesa nada este rollo) ha impresionado muy poco. Próxima parada, menudo salto pego: The Zombies

19 abril 2015

Sparks "Kimono my house" (1974)

Sparks, menudo locurón setentón. Glam opera rock desfasando con ganas. Como si Queen nunca se hubieran tomado demasiado en serio y al tiempo les picase una vena experimental. Y el mejor título de un disco de la historia de la civilización universal.


Próxima parada, Guns 'n Roses, como siempre, elección aleatoria.