19 octubre 2014

¿Las meninas o Las Meninas?

Es una cosa muy menor, pero que me dio algo de trabajo, y por curiosa la cuento: cuando me puse a escribir sobre la novela gráfica de Javier Olivares y Santiago García, tanto para prensa como para el blog (dos aproximaciones distintas, para lectores diferentes) me planteé la duda de... la mayúscula. Acudiendo a mi enciclopedia del arte (diez tomos cogiendo polvo en mi librería, pero bien bonicos) comprobé que es en minúsculas. Al menos en esta fuente. Yo aposté por ello porque además, "meninas" es un sustantivo común, ¿no?:
menina.(De menino).1. f. Dama de familia noble que desde muy joven entraba a servir a la reina o a las infantas niñas.


Por otro lado, es ese cuadro, su nombre propio... bien, lo curioso es que buceando por la red en consulta de libros, encuentras de todo. Hasta una página de Facebook, con "M" bien mayusc. Así que recordando que ese tal Velázquez está expuesto en el Museo del Prado, me voy a la fuente más fiable.

En la base de datos de El Prado consta como "Las meninas", en minúscula. Pero bueno, poco importa, lo que es es una obra maestra del arte.

12 octubre 2014

Country Joe & the Fish - Electric Music For The Mind And Body (1967)

Venían del folk y sin negarse esas raíces (ni las blues) se empaparon de ácido, y principiaron la cultura hippy californiana.
Pura psicodelia sixties (buscad la portada), con temas para viajar con o sin drogas, con sus ritmos mántricos y su sonido ácido de guitarras y órganos.

08 octubre 2014

Ébola

Hace semanas en esta casa tuvimos comentarios de alarmados médicos de confianza, uno de ellos director de un laboratorio de análisis clínico con conocimientos directos y profesionales sobre enfermedades víricas. Quiero decir que no era un otorrino, un oculista o un proctólogo. El tema era, claro, el ébola.
Es bueno saber que el contagio es como es, no se propaga (al menos esa es la idea y lo que los protocolos sanitarios dicen) por el aire o así, sino por contacto físico y a través de secreciones (del sudor a las heces). "La transmisión del virus del Ebola de persona a persona se asocia principalmente al contacto directo o indirecto con sangre o líquidos corporales" (fuente, OMS). Pero la verdad es que el médico amigo mostró una enorme preocupación ante la capacidad de contagio fulminante (un simple saludo con contacto entre una persona y un enfermo puede contagiar con facilidad), y la dificultad del aislamiento efectivo del enfermo. Aislamiento incluso una vez ha muerto. Afortunadamente España no es, de momento, Uganda, o cualquier país en subdesarrollo donde la enfermedad está azotando casi a sus anchas. Y uno tiende a pensar que no es cosa de hablar del tema en términos catastrofistas. "¡Pandemia!" No, hombre, pero sí se ha repatriado a ciudadanos contagiados y enfermos de ébola, que recordemos, es una enfermedad prácticamente incurable. La muerte por ébola, por cierto, es muy dura, gore. "Terrible", citando a nuestro "Médico Garganta Profunda" (en ronano paladino, te sangra hasta el orto). ¿Cabe la medicina paliativa? Sí. ¿Por ello debemos pensar que traer a enfermos de ébola es lo correcto? Me temo que las noticias nos han demostrado que no. Sí defendería el envío humanitario de un equipo médico y técnico específico, por ejemplo. Pero no contemplar la peligrosidad mortal del ébola y su alto riesgo de contagio, potenciando una decisión de marcado carácter político y, temo, un motivo ideológico se ha juntado en un cóctel que de momento ya ha asesinado a una mujer de Lugo de 44 años, residente en Madrid y profesional sanitaria. La cuestión no es el fallo técnico o la falta de protocolo o lo que sea. La cuestión es ¿porqué ha muerto un español de ébola? Porque el Gobierno se ha empeñado en traer a morir en casa (y ver si se puede hacer algo) a españoles infectados en África. Todo era muy seguro, estamos preparados. Pero ya tenemos un contagio. Una mujer, una ciudadana española que NO tenía que haber contraido una enfermedad mortal. Una dimisión no la veo descabellada. Por supuesto, la de Ana Mato.

05 octubre 2014

THE BEATLES Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band (1970)

Me posiciono. Uno de los diez mejores discos del s XX.
Lo llevo escuchando desde niño y nunca se cae del pedestal.
El 2001 odisea del espacio del pop, sin metafísica engorrosa, claro, solo es música, pero qué música.

Astrud Gilberto "Beach Samba" (1967)

La chica de Ipanema con un disco enterito para ella sola. Ella y su voz, una de las más cándidas y sexuales de la historia.
Pues miel sobre hojuelas, un gozo de música brasileiro-noreamericana haciendo de la palabra crossover algo digno. Y elegante y sensual.

NINA SIMONE, Wild is the wind (1966)

La verdad, que de eso se trata el juego de esta etiqueta, es que este disco (que desconocía) me ha dejado bastante frío. Más allá de las virtudes evidentes de la voz de Nina Simone, el recorrido ecléctico y de luxe que supone "Wild is the wind" me recuerda a una excursión crucerista organizada, algo limpio y sin alma que no adentra en la cosas, para el caso, en los estilos (blues, jazz, crooner...) que Simone ejecuta aquí con su preciosa voz.
Cuestión de gustos, porque es una grande, claro.

04 octubre 2014

Yardbirds - The Yardbirds (Roger the Engineer) 1966

El blues de Mayall (el 1001 disco anterior, ver enlace) me parece una castaña pilonga, pero Yardbirds son otra cosa. Son lo que debería ser siempre: parten de lo clásico para, pasando de recetas, fórmulas y cánones o del mero virtuosismo-por-el-virtuosismo (y mira que eran virtuosos, ¿eh?), hacer avanzar al rock hacia su futuro. Imaginación, experimentación y bastante carne cruda. Jeff Beck fue su alma. Abandonó el barco y le sustituyó Jimy Page. Por los Yardbirds también pululó Clapton, pero no en "the engineer".
Discazo, muy de su tiempo, también (mucha psicodelia gozosa)


28 septiembre 2014

BOYHOOD de Richard Linklater

Está claro que el elemento distintivo de esta cinta lo da el tiempo, su tránsito y la paciente recopilación del mismo que hace el directos Richard Linklater a través del niño protagonista, entre sus 6 y sus 18 años de edad.
La cinta en principio, reducida a argumento, es otro relato más de vida cotidiana, a través del que se asiste a ese catálogo de pequeñas-grandes cuestiones que conforman cualquier vida de nuestro tiempo. Que esto se ruede con un elenco fijo de actores potencia el discurso y el todo adquiere fuerza. Fuerza suficiente para minimizar el calado negativo de ciertos recursos de guión tramposos (pienso en las figuras bufonescas y completamente planas de los abuelos, o un discurso materno final muy de telefilm de las 16'30). Los peros no provocan un desastre en el montante global porque Linklater mira la vida con sensibilidad, y la filma con sugerente inteligencia. En este sentido un ejemplo (spoiler, chavalada) es el diferente enfoque a los divorcios de la madre (Patricia Arquette, actriz que me puede y que en los doce años de rodaje de Boyhood acusa cambios igual que los niños). El primero es elíptico, ya ha sucedido cuando arranca la cinta, y se adivina problemático pero no traumático, con la figura del padre natural de los hijos. El segundo lo presenta con pelos y señales. Y el tercero es nuevamente elíptico aunque el deterioro de la relación se aprecia en detalles de guión y dirección. ¿Porqué en este tercer caso la historia pasa de puntillas por el conflictivo divorcio mientras que en el anterior centra atenciones? Me parece un modo de integrar la mirada, nuevamente, en el discurso. Mason (Ellar Coltrane), el protagonista, es niño en el caso del 2º divorcio, y todo un adolescente pre universitario en el último. Lo que le afecta el tema cuando se es niño y lo que duele al adolescente no es lo mismo, y así queda dicho (sin acentos, sin "explicarnos" con diálogos, sino con la atención recibida para cada caso).
Otro punto interesante es el empleo de música diegética. Cuando suena una canción en la ficción (empieza si no recuerdo mal con un Clodplay de 2000, y termina con cosas del último Yo La Tengo de 2013) nos habla también, claro, del paso del tiempo, del tiempo que ha transcurrido en la última elipsis. Para el meló´mano, los temas parecen marcar el tiempo (un Flaming Lips de 2002 por aquí, una Cat Power de 2006 por allá...).
Al final, pues, incluso con un material bastante común (se me ocurre una famosa y fabulosa trilogía que nos habla de exactamente lo mismo, el crecimiento y el transcurso del tiempo: Toy Story), cuando el buen gusto y la mirada personal del autor son eficaces, las cosas ganan muchos enteros. Es el caso.

27 septiembre 2014

John Mayall - Blues Breakers with Eric Clapton (1966)

 Y en el 66 nos encontramos con la fórmula que jodió el invento. Mientras los Stones se manchaban follando con el rock y devolviéndolo más sucio, Mayall y Clapton se limpian y enceran con ejercicios de estilo y juegos malabares. Nadie les quita una técnica brutal, claro (los juegos malabares) o que esto sea purito blues-rock eléctrico (ejercicio de estilo)... ni que sí, haya energía (sobre todo en los arrebatos vocales), pero su ejercicio de blues virtuoso es metacrilato, un holograma de lo que era la música del diablo. Me falta la gonorrea, el veneno, el ruido y la furia, no sé si me explico.
Más claro: las cosas de este palo no me interesan y este disco no puedo tragarlo entero sin sufrir bostezos intensos. De hecho no lo pude acabar, vamos :D

The 13th Floor Elevators - The Psychedelic Sounds Of The 13th Floor Elevators (1966)

Garage fiero para preludiar la psicodelia. Yo no diría que este disco (pese a que la estética de su portada maravillosa lo hace pensar) sea psicodelia plena. Sí rock ácido, burbujeante (je, el efecto botijo ese enervante), alucinado, y ligado al LSD, claro,claro. Pero lo veo más como el disco bisagra. A partir de ahora la música se libera en un período maravilloso, excesivo y creativo como muy pocos.
Rocky Ericson, un animal aullante a dar de comer aparte.